A paso firme y con la mirada hacia el Señor

Como es tradicional, varios colegios de Ecuador vivieron la procesión del Corpus Christi. Una devoción que enciende corazones y une familias con Jesús Sacramentado.


Desde Guayaquil, que nada impida mirarle de cerca

Estaban en marcha todos los preparativos y la fuerte lluvia del día anterior al evento ponía en duda de que todo saliera como estaba previsto. Con un plan de contingencia y muchas oraciones pidiendo por el cese de las lluvias, se animó a los padres para que nada impidiera ese encuentro cercano con el Señor. Todo continuó su curso.

Con mucho esfuerzo, profundo amor y con el alma ilusionada, los diseños creados por las alumnas del Delta iban tomando forma en los patios y pasillos de este colegio de Guayaquil. Poco a poco el aserrín y los pétalos de flores iban llenando de color las alfombras por donde pasaría el Señor en procesión. En cada rincón se sentía el cuidado de los detalles para el evento más esperado y especial del año.

Algo característico es que el área de formación cuenta con una planificación que permite preparar con anterioridad a las niñas para vivir este momento con mayor devoción. Se lo hace destinando horas de clases, en las oraciones de las mañanas y acercando a las niñas a las Exposiciones al Santísimo. Las alumnas se ilusionan mucho porque esta vez es el Señor el que sale del oratorio para recorrer con ellas su colegio.

Llegó el día y el sol resplandeciente indicaba que las oraciones habían sido escuchadas, los padres de familia alzaron el palio y, como es costumbre, las exalumnas recién graduadas portaban los hachones presidiendo la procesión. Al paso del Señor, se doblaban rodillas con el anuncio de las campanadas, el olor del incienso y las voces del coro. Recogimiento, gratitud, piedad y profundo amor hicieron que este encuentro con Jesús en la Eucaristía sea inolvidable. Cuando todo había terminado, recién en ese momento, empezó a llover.

Junto a Él otra vez. Torremar

El colegio Torremar de Guayaquil también tuvo una particularidad que hizo que este día sea más especial. Luego de cuatro años, tras superar las restricciones de la pandemia, los padres de familia pudieron volver a vivir esta celebración. Con profunda gratitud, muchos padres asistieron para compartir con sus hijos este momento de adoración a Jesús.


En Jacarandá, entrega total

Nos preparamos con mucha alegría para recibir al Señor, Dios vivo, presente en la Eucaristía en su recorrido por los patios del colegio y le encomendamos especialmente a todos los miembros y familias de esta comunidad educativa. Fueron parte de la preparación previa los ensayos de canciones y marchas con todas las alumnas, maestras, personal y directivos.

La ceremonia estuvo precedida por nuestro Capellán, Padre José Lara y por el padre Paulino Busca. Las alumnas de Tercero de bachillerato acompañaron muy de cerca a Jesús durante todo el trayecto y llevaron una rosa blanca, símbolo de su entrega total en los brazos del Señor pidiendo la protección de nuestra Santísima Madre. 

Cerramos el evento con una hermosa misa campal también con la participación de muchos padres de familia que acudieron a rezar por sus necesidades junto a sus hijas. Fue una bella mañana con un sol radiante a pesar de que las lluvias intensas no cesaban de precipitarse en nuestra ciudad. La devoción y la piedad de nuestra familia Jacarandá se sintió con mucha fuerza durante la comunión donde centenares de personas comulgaban con un entusiasmo contagiante.

Lo sembrado dio fruto. En la Capital

Desde que ingresé en el colegio Intisana de Quito como profesor, hace 25 años, planteé la posibilidad de realizar una procesión del Corpus Christi. Algo breve, sencillo y emotivo. Al año siguiente la idea fue acogida y la procesión nació pequeña. 

La empezamos solamente con los alumnos que habían realizado hace pocos días su primera comunión; también nos acompañaron sus familias. Fue un día domingo, muy especial, que nunca olvidaré. Estábamos muy pocos y no teníamos alfombras decorativas, solo un camino sencillo de pétalos de rosas y los ornamentos necesarios que pedimos prestados a un centro del Opus Dei.

Al año siguiente, la procesión creció. Los alumnos y sus familias querían volver a asistir y acompañar al Señor en su paso por nuestras canchas, aulas, pasillos y fue increíble. Así nació la tradición y se convirtió en el evento más esperado por todos.

Una anécdota especial de este año es la de una mamá que estaba preocupada porque los más pequeños estaban muy inquietos, pero como todos los años, el milagro ocurrió. Como profesor he experimentado siempre que al paso del Señor le acompaña un silencio maravilloso, lleno de respeto, amor y adoración. No tiene explicación, solamente ocurre. Y así fue, nuestros alumnos más pequeños rezaron con gran piedad.

Entre flores y oración

Como todos los años, cada vez más familias se van sumando a este encuentro con Jesús Sacramentado. En el colegio Los Pinos de Quito se prepararon 2 altares, uno se encontraba en la Ermita y estuvo a cargo de las mamás del colegio y el segundo estaba en el Coliseo y lo prepararon las mamás del preescolar.

El camino para que pase el Señor estuvo completamente adornado de alfombras de flores. Todas las alumnas, profesoras y personal de servicio prepararon un diseño diferente.

Quienes tuvieron un lugar privilegiado fueron las alumnas de III de Bachillerato y las niñas que realizaron la Primera Comunión. Ellas pudieron acompañar más de cerca al Santísimo en todo su recorrido. Los padres estaban especialmente contentos y agradecidos por esta oportunidad.

Lo mejor para Jesús, en Suyana

El Colegio Suyana también tuvo su Procesión del Corpus. Las alumnas, que hicieron sus alfombras con muchas flores de los alrededores, demostraron que son chicas expertas en trabajo manual por la cantidad y calidad de los diseños con el que expresaban su cariño por el Señor.